En su República
(363 c-d), Platón escribió que la promesa de la religión órfica era
un Paraíso (o, si se prefiere, un Infierno) simposíaco: ingerir felizmente caldo
de la vid, a perpetuidad. Esta borrachera eterna (methên aiônion)
podría no ser trivial. De Khayyam a Li Po, de la Rioja al Valle del Maipo, de la Última
Cena al bar de la esquina, las virtudes del vino (es inútil discutirlo) son físicas y
metafísicas; esta es la creencia que inspira a nuestros adeptos.
Participa escribiendo para esta Orden y repite con nosotros: salud, chin-chin, santé,
hasta-no-verte-Jesús-mío, bibe in pace y un sempiterno etcétera. |
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Mayo de 2004 |
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Promesa Simposíaca
por Augusto Nava |
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Por consecuencia normal de
la domesticación del placer físico, o por la cristianización del Imperio Romano, o también
por culpa de Platón (y de sus principales amanuenses, Pablo, Plotino y Agustín) se tiende a
diferenciar el apetito de la carne y las aspiraciones del espíritu. |
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Abril de 2004 |
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Aumentar la prudencia con el vino
Por Augusto Nava |
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Lo anterior (ver recuadro) proviene
de un libro que compré hace algunos años, y podría interesar a los otros Hermanos,
particularmente a Gabriela Onetto (acaso ella ya conozca el dato). Por lo que se lee en la
introducción de aquel texto, la emblemática es... |
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Boletín Enológico de la Primera Gran Fiesta de
la Pasta
Por Gabriela Onetto
(archivo .pdf) |
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El vino debe ser una de las pocas
sustancias capaces de albergar las más vibrantes contradicciones, las más diversas miradas sobre
el mundo. |
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