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EL OTRO VERMEER
por Manuel Ríos

 

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A Mónica Uribe, una mujer flamenca.
Quienes han tenido la oportunidad de enfrentarse a la pintura de Johannes Vermeer de Delft (1632-1675), saben perfectamente que pocos pintores han podido crear un universo de fulgor tan exquisito. Jan Vermeer, pintó como nadie la intimidad. Sus composiciones se rigen por la luz, la cual se filtra en delicados matices acariciando las partes esenciales de la obra; dueño de una técnica maravillosa, los tonos coloristas se oponen y llegan a hacerse traslúcidos, a tal grado que su pintura llega a ser sensorial. No necesita Vermeer muchos objetos, apenas un jarro y un aguamanil, o un globo terráqueo; para que la luz penetre por una ventana y haga todo su trabajo. Estas escenas reflejan la imagen de una vida que medita, Vermeer cultivó la pintura de género, Vermeer es la pintura del pensamiento.

El siguiente relato se sitúa en 1945, a pocos días de que el ejército estadounidense descubriera las cámaras subterráneas en donde H.W Göring escondía todas las obras de arte, producto del saqueo del III Reich a Europa.

La colección ascendía a 1,200 cuadros procedentes de infinidad de museos, y para la comisión de monumentos y bellas artes del ejército americano, el cuadro Cristo y la Adúltera, de Jan Vermeer, no era más de una de las tantas obras maestras que ahí se encontraban.

Jamás se hubieran imaginado que en ese momento estaban frente al más famoso caso de piratería artística del cual se tenga noticia. Y lo que comenzó como una simple broma, involucró más de 6 millones de dólares, además de comprometer a los más famosos críticos y peritos de arte de todo el mundo.

El punto central del escándalo no era que el ejército alemán tuviera el lienzo del pintor flamenco, lo realmente increíble es que no lo hubiese robado. Un oficial perito holandés encontró en las cámaras ocultas unos papeles que atestiguaban que la obra había sido vendida a Walther Hofer, agente de la GESTAPO en la cantidad de 850,000 dólares y que la venta, y esto es lo más increíble, se había realizado en Ámsterdam en 1943.

El gobierno holandés considero que la venta de un cuadro de Vermeer a los nazis no era poco menos que traición a la patria. Como Rembrandt, Vermeer es considerado gloria nacional.

El lienzo regresó a los pocos días a Holanda, y la venta del cuadro fue rastreada hasta llegar a un pintor de Ámsterdam, Hans Van Meegeren.

Dueño de algunos cabarets, Van Meegeren vivía acaudaladamente gracias a la venta de seis cuadros de Vermeer, cinco de ellos vendidos a museos y coleccionistas holandeses y el sexto Cristo y la Adúltera.

Al ser interrogado Van Meegeren dijo que lo había comprado a un coleccionista italiano y que lo había vendido a Alemania; esta declaración escandalizó a los holandeses, Van Meegeren había hecho compras a los fascistas italianos y había comerciado con los nazis alemanes. Van Meegeren fue detenido.

Después de cuatro meses en la cárcel, y de largos interrogatorios por parte del gobierno holandés para que Van Meegeren declarara su traición, este acabó por doblegarse y confesó. -Les he vendido un Van Meegeren -.

Desde 1937 hasta 1943 seis pinturas adjudicadas a Vermeer y que habían sido vendidas por ocho millones de florines habían sido pintadas totalmente por Hans Van Meegeren. No nada más había engañado a los nazis, Van Meegeren pasó por encima de historiadores de arte, peritos y coleccionistas de todo el mundo que habían alabado las obras del gran maestro holandés. Inmediatamente las seis telas fueron puestas nuevamente bajo el más minucioso trabajo de investigación para autentificar su autoría. De esta forma y pensando que lo que decía Van Meegeren fuera cierto, no podía acusársele de que hubiera colaborado con los alemanes. Pero los cuadros nuevamente pasaron todas las pruebas y hasta el más mínimo escrutinio. Incluso la unión internacional de críticos de arte se atrevió a declarar que el Cristo y la Adúltera era la obra maestra de Vermeer. No hace falta mencionar que su reputación dependía de la autenticidad de estos lienzos.

Mientras tanto Van Meegeren seguía encerrado, hasta que su abogado, a propuesta del propio pintor, planteó una singular defensa. El mismo Van Meegeren pintaría un cuadro al más puro estilo de Vermeer y bajo vigilancia. Esta obra probaría si decía la verdad o sólo trataba de zafarse de los cargos de traición a la patria.

Van Meegeren comenzó su defensa. Las autoridades le permitieron adquirir todos los materiales que el solicitara y fue encerrado en un gran estudio. El óleo de Van Meegeren cobró forma. Seis figuras en la tela representaban al niño discutiendo con los ancianos, el cuadro tenía todas las características de Vermeer: los ocres impresionantes, los azules exquisitos, el refinamiento de una técnica depurada, el toque pointillé. Los materiales eran perfectos, lienzos del siglo XVII; la pintura era recalentada como la recalentaba Vermeer y pinceles de pelo de tejón como se utilizaban entonces.

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Christ and the Disciples at Emmaus
Hans van Meegeren
1936-1937

Después de unos meses el cuadro quedó totalmente terminado, y se nombró un jurado internacional de peritos de obras de arte. La sede era un museo en Ámsterdam en donde se exhibían las seis obras, más la séptima y decisiva. Al mismo tiempo, Van Meegeren mostraba más pruebas de su delito. Las sillas que Cristo ocupa en dos de sus lienzos, estaban inspiradas en las sillas que el pintor tenía en su estudio. Las manos de Cristo no estaban trazadas según las características de Vermeer, sino sobre las manos del propio Van Meegeren.

Finalmente después de las pruebas se concluyó que el séptimo óleo que Hans Van Meegeren había pintado era un exquisito "Vermeer", y se determinó que las seis pinturas eran falsas. A Van Meegeren se le condenó por falsificación intencionada, pero debido a su mala salud, su sentencia fue de tan solo un año. La tensión durante el juicio deterioró notablemente a Van Meegeren, que murió en diciembre de 1947, a los 58 años de edad.

Este caso, puso una vez más en duda la autenticidad de grandes colecciones. Un crítico holandés, burlándose de lo que a pinturas antiguas se refiere, dijo: -No debemos olvidar que de los 2500 cuadros pintados por Corot en toda su vida, 7500 están en Estados Unidos-. Otros críticos citan la fábrica parisiense de Picassos y Utrillos que se producían por docenas. Los Utrillos eran tan perfectos que el mismo Utrillo tenía que observarlos una y otra vez antes de hacerse responsable de su autoría.

El número de cuadros adquiridos a lo largo de los años, atribuidos a Rembrandt, es de seis a diez veces mayor que el máximo número de obras pintadas por él-. Así lo cita el doctor de arte neoyorquino Maximilian Toch; y en el caso de otros artistas, Van Dick por ejemplo, probablemente no pinto más de 70 cuadros de los dos mil que se le atribuyen.

Algunos críticos, que eran pocos pero defensores de Van Meegeren sostienen que los cuadros apócrifos pasaron por auténticos y además fueron pagados como originales, por lo tanto su autor era un genio por derecho propio; y añaden que no copio jamás una sola obra, sino que las creo al estilo del viejo maestro. En Holanda califican el trabajo de "impostura creadora" y afirmaron que Van Meegeren no era un criminal sino un gran maestro. Quizá uno de los más grandes en su categoría.

Hans Van Meegeren asistió a la academia de La Haya entre 1920 y 1930, empezó a tener reputación entre coleccionistas holandeses y londinenses, sobre todo como retratista de la aristocracia. Van Meegeren rechazó pagar a algunos críticos sobre favorecer con sus comentarios su obra en las exposiciones y los repudió indignado. Entonces Van Meegeren fue despellejado vivo. Pero en 1936 Van Meegeren decidió tomar su venganza.

Hizo todos los preparativos para su jugada, estudió cuáles eran los maestros a quienes podía imitar y decidió escoger a Vermeer, ¿por qué? - Porque sentía gran admiración por él-, declaró al estar pintando su defensa. - Además su vida era bastante misteriosa y su estilo el más fácil para mi, esto haría más razonable el descubrimiento de un nuevo Vermeer-.

Los materiales tendrían que ser a toda prueba. Los peritos someterían a los cuadros al efecto del alcohol en los pigmentos; usarían agujas hipodérmicas para determinar el contenido químico de la pintura, emplearían rayos x e infrarrojos para fotografiar el lienzo. Van Meegeren se adelantó a todos esos exámenes periciales.

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The Astronomer
1668
oil on canvas
19 3/8 x 17 3/4 in. (50 x 45 cm.)
The Louvre, Paris

Young Woman with a Water Pitcher
c. 1664-1665
oil on canvas
18 x 16 in. (45.7 x 40.6 cm)
The Metropolitan Museum of Art, New York

En archivos encontró que Vermeer utilizaba colores como el lapislázuli, que es un azul hecho de polvo de este mineral, y el blanco de zinc en vez del blanco de plomo. Con el fin de obtener lapislázuli Van Meegeren tuvo que pagar hasta tres mil dólares por tubo. -La dificultad consistía en averiguar qué aceite utilizaba Vermeer para mezclar sus óleos, los modernos utilizaban aceite de linaza pero no me servía porque cuando se utiliza la pintura ni se pone dura ni envejece-. Van Meegeren encontró finalmente el aceite adecuado en un viejo manuscrito y dejó la pintura lista para la prueba al tratamiento del alcohol. Escogió como tema una escena de Cristo partiendo el pan con sus discípulos en Emmaus. Durante siete meses trabajó Van Meegeren en este cuadro, hasta que finalmente y después de revisarlo paso por paso, punto por punto comprobó que nada le faltaba, ni siquiera las grietas de craquelado en la superficie por el paso del tiempo. Sabía que la pintura anterior a Vermeer se craquelaba en grietas grandes, pero en los lienzos del maestro las grietas eran pequeñas, formando una especie de cadena. Van Meegeren logró que las grietas del cuadro fueran iguales a las de Vermeer, haciendo pequeñas raspaduras y sometiéndolas después al calor de una parrilla portátil.

Como conocía la vida de Vermeer, creó una historia lógica para el "hallazgo". Sabía que Vermeer había trabajado con unos estudiantes italianos que eran amigos suyos. Los italianos habían pintado a Cristo en Emmaus y llevado sus cuadros a Italia. Por lo tanto era muy posible que Vermeer hubiese pintado un cuadro con este tema y que viajara por Italia en épocas de su vida de las que no se tenía referencia. Van Meegeren decidió que aquel nuevo Vermeer fuese descubierto en Italia, se enteraría del descubrimiento por un amigo, la compraría y luego la revendería.

En Ámsterdam, Van Meegeren visitó a un viejo perito en arte holandés, el doctor Abraham Bredius, que tenía entonces más de ochenta años; en parte por sentirse halagado de que alguien volviese a consultarlo y en parte por su vista cansada, el doctor Bredius otorgó después de hacer unas cuantas pruebas un certificado de autenticidad.

A fines de 1937, el gran museo Boymans de Rótterdam sometió el Vermeer a las pruebas de autenticidad de reactivos químicos y rayos X e infrarrojos, lo declaró auténtico y pagó a Van Meegeren la cantidad de medio millón de florines. En septiembre de 1938, el cuadro se exhibió en una exposición de 450 obras maestras holandesas, con motivo del jubileo de la reina Guillermina. Los críticos de La Haya, Londres y París acudieron para verlo, tan grande era su reverencia que pidieron a la directiva del museo que se pusiera una alfombra en la sala donde se encontraba el cuadro, con el fin de que el ruido de las pisadas no perturbase su contemplación. El museo los complació.

Van Meegeren estaba extasiado. Además de comprobar que sus enemigos, simples mortales, eran unos idiotas, se había hecho millonario, luego todo marchó sobre ruedas hasta la venta a los nazis. Ése fue el principio del fin.

Bibliografía:

Hans Koongsberger and the editors. The World of V ermeer: 1632-1657, New York, 1967
Ben Broos, Malice and Misconception, in Vermeer Studies, edited by Ivan Gascell and Michiel Jonker,
New Haven and London, p. 27
Pigmento & Celuloide
El Tiempo del Cine
 

 


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