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COMENTARIOS SOBRE PETRONIO
Y APICIO 
DESDE LA PERSPECTIVA DE LA GULA ROMANA
Parte 1
por Walter Ferrer (Uruguay)

 

A pesar de las maniobras de Hollywood por inculcar en nuestro imaginario aquellos romanos glotones en festivas orgías para todo público o los Aquiles en serie con cara (y trasero) de Brad Pitt, la historiografía moderna nos muestra a veces otras perspectivas que directamente cuestionan estos arquetipos. Walter Ferrer nos ofrece un texto inteligente y apasionante basado en El Satiricón de Petronio y el Ars magirica de Apicio, en el cual destaca información detallada (y probablemente insospechada) acerca de la gastronomía romana, sus costumbres y sus comensales. 
Y es que en el Portal Fiesta de la Pasta, hasta la mitología empieza por la cocina... 

Hollywood quiere hacernos creer que los antiguos romanos eran grandes glotones. La historiografía, sobre todo la moderna, muestra otra perspectiva y basta con leer unos pocos textos clásicos para adherir a este cuestionamiento. 

Sería injusto por otro lado, achacar tan solo a la ignorancia de Hollywood estos prejuicios. Algunos escritores clásicos han contribuido a ellos. En la Historia Augusta se habla de un banquete ofrecido por un emperador en que se mataron decenas de miles de flamencos puesto que todos los platos estaban hechos en base a la lengua de estas aves que era considerada deliciosa. Tácito y Suetonio en sus obras históricas mencionan también algunas orgiásticas comidas organizadas por los emperadores Claudio-Julianos. Tácito menciona que Vitelio -uno de los tres emperadores que sucedieron a Nerón en el nefasto año 69- despilfarró en banquetes en un solo año, casi mil millones de sestercios -un millón de sestercios era el patrimonio necesario para pertenecer a la orden senatorial-.

Se vislumbran sin embargo en estas descripciones, algunos énfasis que tienen más que ver con los conflictos políticos de la época -de los que Tácito y Suetonio, hombres esencialmente políticos, participaban activamente- que con la descripción objetiva de los hechos. 

Los padres de la iglesia -transmisora y censora de los textos clásicos- estaban también interesados en esta perspectiva, que mostraba a la aristocracia romana como decadente y amoral en contraste con la virtuosa iglesia católica.

Mencionemos a continuación algunos hechos que muestran a unos romanos más ascéticos.

El alimento básico en la república romana fue, durante casi 300 años, el puls, una especie de torta de harina de trigo y otros cereales amasada con agua y a veces un poco de grasa. En ocasiones especiales se le agregaba miel o huevo. Otro plato básico era una polenta, muy semejante a la actual pero en base a cebada. Se ha calculado que la dieta diaria de un romano de aquellos tiempos incluía alrededor de 3000 calorías de las cuales 2000 provenían del trigo. 

Los romanos comían cuatro veces al día: ientaculum -un desayuno fuerte que en el caso de los soldados era un jarro de pulsum, una bebida basada en vinagre caliente, y que en general no era más que una tostada con aceite y ajo-; prandium -un tentenpié que podía consistir en frutas o restos de la cena del día anterior- que se tomaba a media mañana; merenda en que se repetía este tipo de refrigerio a media tarde y la cena -la comida principal que se hacía temprano en la tarde y que podía tener varios platos en los casos de los romanos más pudientes

La mayoría de los ciudadanos de Roma hacia el fin de la república y el comienzo del imperio, vivía en lugares donde no había áreas reservadas para la cocina. Había por todas partes vendedores ambulantes de comida y si se deseaba más tranquilidad se podía entrar en una popinae donde se servían comidas calientes. Es difícil imaginarse en estos lugares, las cenas orgiásticas a las que Hollywood nos ha querido acostumbrar.

Quizá los romanos de clase alta, estén más cerca de parecerse al prototipo hollywoodiano. Pero no tanto. Grandes sectores de la más rancia aristocracia romana del imperio temprano compartían los principios básicos del estoicismo: es difícil leer las Meditaciones de Marco Aurelio o los escritos de Cicerón y Séneca, y pensar que sus contemporáneos unánimemente se atiborraran de comida recostados en sus triclinios.

Además han sobrevivido tan pocos textos donde se habla en detalle de estos orgiásticos banquetes, que tendemos a pensar que no eran demasiado frecuentes.

Quiero concentrarme en dos textos en los que aparece información detallada sobre la cocina romana. El Satiricón de Petronio y el Ars magirica de Apicio. Sobre el segundo hablaremos en un próximo artículo.

Poco se sabe con certeza sobre la fecha de creación del Satiricón y sobre la vida de su autor. Es posible que se lo haya confundido con otro Petronio Árbitro, que menciona Tácito en sus Anales de la siguiente forma: "'Él dedicaba el día para dormir y la noche para los deberes de la sociedad y para los placeres de la vida...Tenía reputación no de juerguista ni de derrochador como casi todos los que devoran su fortuna sino de técnico en los placeres...Luego .. fue admitido entre los pocos familiares de Nerón como árbitro del buen gusto: para el príncipe no había nada agradable y delicado que no estuviese recomendado por Petronio". 

Sin embargo, el Petronio autor del Satiricón parece ser otro individuo. 

La versión original del Satiricón era enorme, se habla de veinte volúmenes de los que han sobrevivido unos pocos. 

El nombre Satiricón, que aparece en el Códice de Berna -el más antiguo- es un genitivo griego de la palabra Sátira o Sátura, que originalmente significó: mezcla de cualquier cosa. Más adelante se transformó en el nombre de un género literario cuyos exponentes más conocidos fueron Horacio, Juvenal y Persio.

El Satiricón junto con las comedias de Plauto y Terencio, constituye el más completo testimonio de la vida cotidiana de los romanos. 

Es posible que haya sido compuesto en la época neroniana: los historiadores sacan esta conclusión por algunas referencias a precios de mercaderías que comparan con los precios que sobrevivieron en Pompeya. 

De este libro, nos concentraremos en el banquete de Trimalción -cuyo nombre significa algo así como “tres veces rey” y que tiene una raíz semita- un liberto, quizá de origen judío, que hizo una gigantesca fortuna. En el banquete participan los dos protagonistas de la obra: Encolpio -cuyo nombre proviene de encolao que además de referirse a cualquier cosa que cuelga del cuello, puede equivaler a "introducir en la vagina"- y Ascilto -el infatigable, las escabrosas razones de este nombre quedan claras al leer la obra-.

Los romanos ricos comían en el triclinium. Esta era una habitación en la que había una mesa uno de cuyos lados estaba libre para el servicio de comida. En los otros tres lados se ponían lechos y en cada uno de los lechos se disponían tres personas. Estas se recostaban sobre el brazo izquierdo, o sea mirando hacia su derecha. Observando la habitación desde la perspectiva del lecho del medio y en la dirección de la mesa, el lecho de la izquierda se llamaba el superior, el del medio el central y el de la derecha el inferior. En cada lecho, cada uno de los lugares se llamaban -también de izquierda a derecha— el superior, el central y el inferior. El sitio de honor era el inferior en el medio -el de la derecha del lecho central- y el dueño de casa se colocaba en el lugar superior del lecho inferior, vecino del lecho de honor hacia la derecha. 

La cena de Trimalción, a la que Encolpio y Ascilto están invitados, es original en la medida que hay 18 comensales y esto hace pensar en dos juegos de lechos -quizá alrededor de dos mesas-. El lugar que ocupa Trimalción es el superior en el superior o sea el primero, moda aparentemente nueva. Además otra originalidad de Trimalción es que ofrece una mesa particular -posiblemente pequeña dado que para los postres es reemplazada por otra- para cada invitado, puesta quizá en la cabecera del lecho. 

Las cenas romanas empezaban casi siempre con la gustatia o entrada con huevos y vino miel. Seguía la cena summa cena con cuatro servicios y donde se bebía vino. El postre secundae mensae consistía en manjares condimentados y se bebía más copiosamente. 

Es destacable en el banquete de Trimalción la curiosa moda de servir las comidas de tal manera que pareciesen otra cosa. Las ciruelas y las pepitas de granada se hacían pasar por carbones, una gallina de madera incuba huevos que son en realidad avecillas. Un jabalí al ser abierto derrama lechoncitos de mazapán. Los membrillos tienen espinas para parecer erizos, con carne de cerdo se diseñan platos que parecen aves, etc. 

Entre el plato principal y los postres se traen a la mesa las estatuillas de los Lares para ofrecerles libaciones. En la cena de Trimalción se hace además un brindis por el emperador. 

En los postres y después se entraba en la etapa de las discusiones filosóficas y artísticas. En ese momento las mujeres se retiraban -aunque esto con el tiempo fue cambiando-. Trimalción hace recitar a Virgilio y ungir y enguirnaldar los pies de todos los comensales. 

Otra peculiaridad de esta cena -costumbre quizá ya establecida, pero inaceptable para los romanos chapados a la antigua- es que en ella participan acostadas en los lechos, algunas mujeres. En una cena romana clásica, las mujeres comían sentadas en mesas como lo hacemos hoy. También comían sentados los niños y las personas que guardaban luto -¿acaso se consideraba que las mujeres estaban en un luto permanente? ¿o acaso eran siempre niños?-.

Era todo un arte el de comer acostado reclinado sobre el brazo izquierdo. Con este brazo se sostenía el plato y los alimentos se tomaban con la derecha. Para la sopa se utilizaba una cuchara ligula, para el puré o el paté una cucharita cochlear y para alimentos sólidos se utlizaban los dedos. El tenedor solo se comenzó a usar sistemáticamente en el siglo IX. La carne les llegaba a los comensales ya trinchada por un esclavo carptor en trozos que se podían llevar fácilmente a la boca. Quizá esta centralización de los cuchillos se debiera a razones de seguridad. Entre plato y plato los esclavos acercan agua para lavarse los dedos. Trimalción se seca las manos en el pelo de un esclavo. También tienen los comensales a mano una servilleta para secarse las manos , el sudor y para sonarse las narices. 

Una curiosa costumbre era la siguiente: los comensales portaban su propia servilleta que usaban para envolver algunas sobras que llevaban de vuelta a su casa. Con el tiempo esta costumbre comienza a parecer grosera y muchos prescinden de ella. Marcial comenta que Hermógenes no lleva una servilleta sino un mantel. 

¿Cuanto comían los comensales? Séneca dice: “Vomitan para comer y comen para vomitar y no quieren perder el tiempo en digerir alimentos traídos para ellos de todas las partes del mundo". Juvenal reza "El castigo de la gula es inmediato, cuando en el excusado arrojas un pavo entero sin digerir.. De aquí se siguen las muertes repentinas de viejos sin testamento". 

En el banquete de Trimalción, a pesar de todas las extravagancias, no se come desenfrenadamente.

¿Cuánto vino tomaban los comensales? Grandes cantidades se ingerían en los postres y en las discusiones posteriores. Las mujeres no bebían -al menos en público-. 

Nos puede resultar curiosa la costumbre siguiente: los invitados a una casa romana, eran recibidos por todas las mujeres de la casa que -en presencia del dueño- le daban al invitado un beso en la boca. De esta forma mostraba el señor que en su casa las mujeres no bebían vino. 

En la cena de Trimalción se bebe en abundancia. Comenta Encolpio: "Gitón nos condujo por el pórtico hacia la puerta pero al llegar allí, un perro encadenado nos recibió con tales ladridos que Ascilto, por escapar, se cayó en la piscina. Yo que estaba tan borracho como él y que tengo miedo hasta de un perro pintado .. fui arrastrado con él hasta el fondo". 

Algunas cosas insólitas suceden en la cena de Trimalción, los esclavos en cierto momento se acuestan en los lechos. Comenta Encolpio "yo mismo vi instalarse a mi izquierda a aquel cocinero que hizo del cerdo un ganso y que apestaba a salmuera y salsas". Trimalción justifica este comportamiento que una frase que suena -por su hipocresía—muy contemporánea: "Amigos, los esclavos también son hombres, ellos mamaron la misma leche que nosotros a pesar del mal destino que los oprime..". 

Luego lee su testamento por el que libera -a su muerte- a todos sus esclavos. No se piense que ese testamento pueda generar riesgos para el testador: en caso de asesinato del amo -si no se hallaba al culpable- una antigua ley romana obligaba a que el estado ejecutara a todos los esclavos.

Todos los comensales luego de la cena son invitados por Trimalción a su baño privado -lo que demuestra la fortuna del dueño de casa pues muy poco romanos tenían la posibilidad de construirse un baño privado-, donde se les pasa un poco la borrachera. Luego de un tiempo se sirve comida en el baño. 

Hacia la mañana la fiesta se empieza a estropear: "Había venido un esclavo bastante agradable a la vista. Trimalción se le echó encima y se puso a darle de besos. Fortunata -esposa de Trimalción— para hacer valer la igualdad de sus derechos empezó a insultar a Trimalción, tratándolo de basura, de indecente, de incapaz de reprimir su lujuria y terminó espetándole : ¡Perro!. Trimalción arrojó un cáliz a la cabeza de Fortunata quien empezó a gritar como si hubiera perdido un ojo. Trimalción chillaba: Cómo , ¿ya no se acuerda de nada esta tocadora de flautas?. Yo mismo la recogí en el mercado de esclavos e hice de ella una persona decente. Pero ahora se ha hinchado como una rana...Es un tarugo, no una mujer.... He besado a este aprovechadísimo niño, no por lo bonito sino porque él es de provecho, sabe calcular las diez partes -o sea sabe contar- lee de corrido cualquier libro -tarea nada fácil pues las palabras se escribían sin separaciones- con su dinero se ha comprado un vestido de tracio y con sus economías se ha comprado una butaca y dos espumaderas. ¿No merece que le tenga cariño?.. ¡Mujer felpudo!"

Finalmente, Encolpio, su amante y esclavo adolescente Gitón y Ascilto se van de la fiesta y siguen sus aventuras por todo el imperio.

A mi juicio esta cena, más que orgiástica es snob, y hasta un poco chonga. En ella, un recién llegado a la ciudadanía, un liberto -no nació libre sino que nació esclavo y fue liberado y eso le da un status por debajo del más pobre de los nacidos libres- exhibe su dinero. Sin embargo sólo se maravillan con esta exhibición unos cuantos romanos pobres y arribistas, que beben quizá excesivamente. 

En contraste con Hollywood y sus esquemas edulcorados y tontillos, con las orgías transformadas en juegos de niños, la Roma de la segunda mitad del Siglo I, la han mostrado dos películas arrebatadoras -ambas de directores italianos-. Satiricón de Fellini (1971) y Calígula de Brass y Guccione (1979). E

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2004