I
Claro ejemplo de teofagia:
los parroquianos en la taberna
beben la sangre de un dios.
II
Un poeta persa se inclina
sobre el espejo rojo del vino
(también las estrellas reflejan
su luz lejana sobre ese cristal).
Parejamente fascinados,
el vino y el hombre
se contemplan.
Llora el hombre sus penas de hombre
y llora el vino sus penas de vino.
Al final, el hombre y el vino
se beben mutuamente.
III
Khayyam vierte dudas
y lágrimas sobre su copa.
No hay respuestas en el vino
pero sí un cesar
reparador
de las preguntas.
IV
Y abismándome en el vértigo
de esa misma copa
recuerdo a Wilde:
"puedo resistirlo todo,
menos la tentación"
Será porque el vino,
como la belleza,
es más elocuente que la razón.
V
Del agua de Baco
-el más feliz de los olímpicos-
esperamos que nos sumerja
en la noche honda,
en la mujer
y en el olvido.
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