Germán Espinosa, quien en 1954 escribió Letanías
del crepúsculo, su primer libro de poemas infantiles, pues sólo tenía 15 años,
reconoce que hubo influencias de la escuela Modernista Hispanoamericana, y con estos
poemas se inició en el arduo ejercicio de las letras, de eso hace ya 50 años. Hoy en
plena madurez, el escritor Cartagenero escribió sus memorias, La verdad sea dicha,
donde recapitula tantos años de trajinar, siempre a la sombra de una idea, mirando en una
misma dirección: La construcción de su obra literaria. En la pasada feria del libro,
César Valencia Solanilla, de la Universidad Tecnológica de Pereira y Cristo Rafael
Figueroa, dos conocedores de la obra Espinosiana, hicieron un recorrido por sus obras
emblemáticas, La tejedora de coronas, que cumple 23 años de editada, Los
cortejos del diablo, El signo del pez, entre otras. Vale la pena mencionar
aquí las bellas ediciones que la editorial de la Universidad Eafit ha hecho de sus
ensayos en dos tomos, de sus poesía, Quien se deja soy yo (1991-2000) y Los
oficios y los años. Pero lo que nos tiene alborozados, celebrando con vino rojo, es
el título de chevalier de L'ordre des Arts et des lettres, caballero de la orden
de artes y letras, que el ministro de cultura y comunicación de Francia, Daniel Parfait,
acaba de otorgarle, como "reconocimiento a la calidad de su aporte a la literatura
contemporánea".
FRANCÓFILO.
El maestro Germán Espinosa confiesa ser producto de alguna manera de la literatura
Francesa, que influyó en su juventud, y sigue haciéndolo en éstos tiempos: "La
literatura Francesa está estrechamente vinculada con la nuestra, porque en los tiempos en
que la literatura Española entró en franca decadencia, lo que equivale a decir siglo
XVIII y gran parte del XIX, los países de Hispanoamérica, que acababan de obtener su
independencia, miraron todos hacia Francia, como el norte de su orientación cultural, y
en la literatura esto produjo como efecto inmediato la poesía, por ejemplo de José
Asunción Silva, que está saturada del simbolismo Francés, la Escuela Modernista que
presidió Rubén Darío, el cuál dedicó varios poemas, entre ellos algunos escritos en
Francés, a elogiar esa condición que tiene Francia de hogar de toda la
humanidad...".
Germán Espinosa reconoce en Francia uno de los países más cultos del orbe, y desde
siempre lo sedujo la poesía francesa, desde los tiempos de los trovadores de Languedoc,
que escribían en provenzal, en lemosin, en lengua de Oc, entre los cuales hay algunos de
los poetas de la edad media, que influyeron decisivamente en Dante y en Petrarca. A lo
largo de todos los siglos, sigue fascinándole la poesía francesa, especialmente en el
XIX, con la irrupción del romanticismo, Lamartine, Hugo, Musset, y el simbolismo, escuela
que dice amar, entre todas las que ha producido la literatura universal, por sus
espléndidos poetas, Verlaine, Rimbaud, el conde Lautréamont, Tristan Corbière,
Mallarmé, Apollinaire, y por supuesto su precursor, Charles Baudelaire. De los
surrealistas, de los que reconoce haber tomado más elementos para sus libros, encuentra
en su manifiesto un hecho totalmente francés, pero que también se compagina un poco con
Latinoamérica, ya que poetas como César Vallejo estaban haciendo surrealismo antes del
manifiesto; eso revela la gran afinidad que hay entre Latinoamérica y Francia, además,
agrega, un poeta como Vicente Huidobro, con su creacionismo, influyó de manera notable en
la poesía francesa. Con respecto a otros géneros no hay que olvidar que el ensayo
moderno nace en Francia, con Montaigne, y algunos de los novelistas imprescindibles que
están en su gabinete mágico, y hacia los que su mano siempre se extenderá son por
supuesto, Gustave Flaubert, Alejandro Dumas, Stendhal, así pues el vínculo con la
literatura francesa ha sido estrechísimo, desde los comienzos; bueno digamos con todo el
arte francés, pues sus artistas plásticos, en especial los representantes de la escuela
impresionista, Cézanne, Renoir, Degas, Bonnard, son sus preferidos, y en música, Claude
Debussy, y Maurice Ravel, también impresionistas.
LAS MEMORIAS.
La verdad sea dicha, nombre dado a sus memorias, ha tenido críticas favorables y
desfavorables; a sus enemigos cada vez que publica, los mueve "la dentera", dice
el maestro, en cambio le ha sorprendido dichosamente la crítica objetiva, cálida,
elogiosa, que apareció en la revista Cambio, escrita por Santiago Gamboa. " Como en
todo libro de memorias, en las mías lo principal es el rescate que se hace de ciertos
elementos, de ciertos aspectos de la vida cultural que se habían olvidado, por ejemplo
muchas cosas que se han convertido en leyenda, como es el caso de los cafés literarios.
Yo en las memorias los pongo en su lugar, cuento lo que realmente eran, últimamente los
han magnificado, endiosado, los han poetizado, cuando en realidad no eran tan poéticos,
ni tan magníficos, ni tan divinos. Creo que se rescatan figuras como León De Greiff , mi
gran amigo, y de quien cuento numerosas anécdotas, que componen la semblanza, quizá la
más vasta que se haya hecho hasta éste momento del poeta; hablo también de mi maestro
Adolfo Mejía, hablo de muchos escritores, pintores, músicos que conocí, y revivo lo que
era la vida literaria en Bogotá a finales de los años 50s, y a lo largo de los años
60s. Figuras como René Revetez, Omar Rayo, desfilan a lo largo de éstas páginas,
pintores como Ignacio Gómez Jaramillo, como Marco Ospina...en fin, creo que mis memorias
cumplen la función de todo libro de ése género y es revivir, con una alta dosis de
veracidad, la que nos permite la memoria, el recuerdo, cosas que venían cayendo en el
olvido y que vale la pena que se recuerden para tener una noción exacta de cuáles fueron
los desenvolvimientos de nuestra vida cultural".
Hoy el maestro Germán Espinosa vive en un piso de las torres de Bombona, en el barrio La
perseverancia, de Bogotá, junto a su esposa, Josefina Torres, perseverando, valga el
pleonasmo, en un país que parece indiferente a uno de los más grandes prosistas de
Hispanoamérica; por eso celebramos que Francia, cuna de los más grandes, hoy lo acoja en
su seno, nombrándolo caballero de la orden de artes y letras. Maestro, ¡salud! ¡Abur!
¡Y hasta otra vista!
|