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PELIGRO: ESCRITORES TOMANDO
Un breve panoroma del alcohol en la literatura
por Gabriela Onetto

 

No sé quién habrá sido el primer listo en excusarse a sí mismo argumentando que el alcohol ensalza la creatividad natural de un artista; quizás hasta existan estudios científicos que prueben un postulado tan conveniente (en especial para los que nos dedicamos a la escritura en todas sus formas y además pertenecemos a la Vía Alternativa de la Vid). Lo cierto es que según Donald Goodwin, autor de Alcohol and the Writer y ex-director del departamento de psiquiatría en el Medical Center de la Universidad de Kansas, la profesión de escritor se lleva los laureles en cuanto a lo que a la predisposición a beber -tomar, chupar, brindar, alzar el codo, agarrar la jarra, pistear, embriagarse, echar un trago, catar- se refiere. Parece que nada menos que un 71% de los creadores de las letras toma alcohol en exceso. ¡Setenta y uno por ciento! Un porcentaje mucho más alto -por lejos- que en las otras profesiones que se hayan estudiado hasta ahora.

Una rápida recorrida por cualquier catálogo de escritores le dará la razón a la estadística: Scott Fitzgerald le llamaba "el vicio del escritor" y Hemingway supo describirlo como "alquimia líquida transmutadora de ideas"; Rimbaud cayó redondito en las garras verdes del ajenjo (por lo menos mientras duró su genialidad poética, es decir, hasta los 21 años) y Jack London era capaz de dejar una frase a la mitad en el mismo momento en que completaba mil palabras, sólo para reclamar su ansiada recompensa etílica. ¿De dónde sacan los escritores este casi unánime apego por las oscuras seducciones de Dionisio, mejor aún si viene acompañado de todas sus bacantes y cortejo pachanguero? ¿Será que la distante perfección y compostura de Apolo sencillamente no se lleva demasiado con el descenso a los infiernos que muchas veces conlleva la escritura realmente creativa?

Porque, a decir verdad, aquí estamos hablando de los escritores geniales, de aquellos nombres que han quedado grabados a fuego en la historia de la literatura; no quiere decir que todo estudiante de letras o postulante al Premio Alfaguara corra necesariamente tan altísimo riesgo de terminar sus días en AA. Pero la reiterada comprobación de ebriedad consuetudinaria entre tantos escritores -no precisamente por "haber bebido la tinta de la inspiración"- debería darnos algo en qué pensar. Tomemos el caso Edgar Allan Poe, por ejemplo: su relación con el alcohol era por lo menos tan angustiosa como sus más macabras historias de ficción. Una vez que empezaba a beber, lo único que podía detenerlo era quedarse sin fondos o bien, caer desmayado de borracho. O el mítico Jack Kerouac, tal vez con demasiada carretera y fama como para soportar la sobriedad, que terminó perdiendo la vida a los 47 a raíz de una pelea de bar. Bien remojada en alcohol, como es de imaginarse.

A esta destacada sucursal del Club de la Botella podríamos agregar los nombres de Truman Capote, Carson Mc Cullers, Horacio Quiroga, Juan Rulfo, Dashiel Hammet, Dylan Thomas (quien podía tomarse 18 whiskeys sin parpadear), Omar Khayam (subversivo exaltador del vino en el poco chispeante mundo musulmán), Gertrude Stein, Samuel Taylor Coleridge, John Keats, Malcolm Lowry, Charles Bukowski o Juan Carlos Onetti (de estos tres últimos escritores, verdaderos casos de estudio en lo que a alcohol se refiere, ofrecemos al final de este artículo -en exclusiva para FiestadelaPasta.com- sus recetas predilectas de cocktails). Incluso Marcel Proust, cuyas gloriosas últimas palabras fueron para agradecerle al chofer que le hubiera llevado -sin tiempo perdido, directito al lecho de muerte- una botella de su cerveza favorita, de esas que en el Hotel Ritz le tenían siempre listas y enfriadas:

"Gracias, Odilon, por traerme la cerveza" .


VOLCANITONIC

En un balde o maceta grande mezclar:

  • 1 parte de mezcal con gusano

  • 1 parte de tequila de cuarta categoría

  • 1 parte de corazones rotos

  • Un poco de agua tónica o "quinac"

  • Angeles y demonios (a gusto)


Cocktail ideal para acompañar excursiones turísticas al Popocatépetl.


VIEJO VERDE ON THE ROCKS

  • 1 botella de vino barato

  • 1 oz. de licor de menta

  • Mucho hielo (para enfriar)


Mézclese bien y bébase, solo o acompañado, en el cuarto de hotel más decadente que pueda encontrar.


POZO SOUR

  • 825 ml. de buen scotch

  • 3 paquetes de cigarrillos

  • 12 años en cama (de preferencia en un pozo)

  • 2 ó 3 chorros de pesimismo-bitter

  • Cascarita de limón


Para degustar en soledad y silencio, regodeándose en la marginalidad.


1 - Receta proporcionada por el cofrade honorario Malcolm Lowry

2 - Receta proporcionada por el cofrade honorario Charles Bukowski

3 -Receta proporcionada por el cofrade honorario Juan Carlos Onetti



Post Scriptum

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2004