Todo comenzó el 16 de febrero del 2004.
Intentando celebrar el cumpleaños de uno de sus integrantes, el Cónclave Sur concurrió
a un establecimiento que prometía "cañas y tapas españolas".
La celebración estuvo a todo dar... pero todos compartíamos una misma duda.
Sospechando de la existencia de falsos profetas gastronómicos en Montevideo, trasladamos
la pregunta a Lola: ¿qué es una tapa?
He aquí la respuesta:No es que yo ignorara que la palabra "tapa", en su
sentido gastronómico, fuese un vocablo localista, de mi país. No, claro. Sin embargo, se
me puso cara de idiota al ver la expresión de asombro de una amiga peruana, cuando le
dije, mientras yo buscaba la máquina expendedora de tabacos, en una taberna española:
"veme pidiendo una caña y una tapa de algo". "¿Que que qué?", fue
su lógica contestación. Entonces, me olvidé de mi paquete de Camel y le aclaré:
"una cerveza de barril y..."
Una "tapa" es algo más complejo de lo que pueda parecer; una tapa puede ser
gratis, dependiendo del lugar de España en que nos encontremos: es impensable que en
Extremadura, Andalucía o Castilla, por ejemplo -y menciono las regiones que más conozco-
osen servirte un "chato" -vasito de vino peleón- o una cervecita, sin una
"esponja" en forma de "patatas a la brava", "boquerones en
vinagre" o un simple y delicioso "tomate con sal gorda". El drama viene
cuado esperas ese frugal pero apetecible condumio y "cumplen" con unos tristes
cacahuetes revenidos: ése es el momento en que sientes el impulso de arrojárselos con
irritación al camarero: "Pero, ¿no tiene nada más, por Dios?". Entonces, el
mesero dirá: "¿unas aceitunitas?", y el cliente, resignado, responderá:
"si no hay otra cosa..."... y se las comerá en el propósito de no volver a tan
desaborido sitio.
Pero ésta es la cara fea de la moneda: es frecuente la frase "con las tapas que
te ponen en tal sitio, sales comido"; nadie menciona que también sale bebido, con
una considerable merluza -cogorza, tablón, melopea, media lagartijera, trompa...-
Pero me centro en el tema, remontándome siglos atrás: un caballero llega a una posada
a refrescar el gañote y, el posadero o posadera, ésta última generalmente dotada de
"buenas posaderas" sobre las que sentarse o soportar pellizcos de clientes
libidinosos, "tapa" el vaso con un pequeño plato en el que coloca algo sólido
por eso del "no beber a secas". Ése es el origen histórica, técnicamente, de
las tapas. Hoy día, para abreviar, una tapa, podríamos decir que es una porción
pequeña de una comida que, gratis o no, es servida en un recipiente pequeño a modo de
degustación. Si vistamos un bar como Dios manda, hemos de encontrarnos con una carta en
la que leeremos: "raciones... sepia a la plancha: 7 euros, ternera al ajillo, 8
euros..., mollejas, pulpo a feira..."; es decir, platos de los que pueden comer más
de una persona. En la siguiente página, rezará: "tapas: montado de lomo, 1'50
euros, mejillones en escabeche, 1 euro...
En resumen, y para no marear más la perdiz: la tapa es una forma de probar varias
cosas en pequeñas dosis. De hacer el "via crucis" comiendo algo de aquí, algo
de allá. Un "platillo", creo, sería el término latinoamericano más próximo.
Una liturgia gastronómica. "Tapear" es de las palabras que más me gustan del
diccionario; por cierto, ¿está aceptada por la Real Academia? Supongo que sí.
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