La imagen
proviene de un libro que compré hace algunos años, y podría interesar a los otros
Hermanos, particularmente a Gabriela Onetto (acaso ella ya conozca el dato). Por lo que se
lee en la introducción de aquel texto, la emblemática es una disciplina
que tomó carta de naturalización en el Renacimiento. Sus productos son pequeñas piezas
de sabiduría, de gran concentración y hermetismo, y son la imitación
renacentista de los jeroglíficos (mismos que tuvieron alguna fama en la alta
Edad Media y que en el Renacimiento tuvieron un revival). Fue el intento de unir
imagen y texto de manera que se concentrara, en poco espacio, lo que se suponía era la
sabiduría ancestral y trascendental (incluso divina) de los textos clásicos.
Un emblema, en el inicio de la disciplina, era una frase
con sentido enigmático (inscriptio), aunque eventualmente evolucionó
hasta estar acompañada de un epigrama (suscriptio) y, algún
tiempo después, de una imagen (pictura); de este modo, se llama 'emblema
triplex', y es la forma más madura del emblema. Los emblemas expresaban temas
complejos e inicialmente, debido a su excesivo hermetismo, eran intercambiados entre unos
pocos iluminados; pero (otra vez), en poco tiempo, cambiaron su naturaleza y su intención
se hizo funcional: moralizar. El más grande escritor de emblemas se llamaba Andrae
Alciato (1492-1550); era italiano y enseñó en Milán, Aviñón y Bourges, y
tuvo uno que otro alumno notable (como Calvino); en vida, tuvo mucha fama como
jurisconsulto, helenista y latinista. El trabajo que hizo de los emblemas fue alternativo
a sus labores más serias; un hobbie que le valió fama universal.
Alciato se inspiró en la Antología palatina, para escribir en
latín 99 emblemas reunidos en un volumen, aunque en sucesivas apariciones sus invenciones
aumentaron a 212. Dicho volumen, que tuvo muchísimo éxito, se tituló llanamente Emblematum
libellus (a veces, liber) y, durante los siglos XVI, XVII y XVIII tuvo 150
ediciones, además de las traducciones a otras lenguas de Europa. Se sabe que la primera
aparición del Emblematum
es de 1522 (Milán), aunque los grabados y la
numeración de la versión que yo poseo corresponden a la primera traducción al español:
la famosa edición de Lyon de 1549, traducida por Bernardino Daza Pinciano.
En atención a la Antología palatina, el espacio figurativo de
Alciato era, comprensiblemente, la mitología grecorromana; empero el relato de los mitos
era interpretado, a veces, de forma completamente arbitraria. Por lo demás, los libros de
emblemas son una suerte de resumen ideológico (moral y religioso) del Renacimiento y el
Barroco; en escudos familiares, apólogos, obras pictóricas, realizaciones
arquitectónicas y creaciones literarias de la época se puede ver la influencia de estos
libros, y muy sobradamente, del de Alciato.
Por otra parte, te menciono que fue uso muy común de los editores el
contratar sus propios ilustradores (casi siempre, poco conocidos) para acompañar a cada
edición; de este modo, en cada publicación aparecían ilustraciones diferentes.
Finalmente, te informo que se publicaron alrededor de cuatro mil títulos de emblemas del
XVI al siglo XVIII.
Ahora sí, el que nos ocupa; el emblema XXIII "Aumentar la
prudencia con el vino" es un elogio a las virtudes de la embriaguez; es como
decir: se aumenta el juicio, la sensatez y la sabiduría tomando vino. En el emblema
aparecen el dios del vino, Baco, que nació del muslo de Júpiter, y Palas-Atenea, diosa
del olivo, que según el mito nació de la cabeza del mismo Padre de los dioses. El
comentarista de la edición actualizada explica:
presenta en el grabado a dos dioses excelentes, que conceden a los
hombres grandes dones (...) La diosa inventó el olivo, y Baco, la vid; del primero se
saca el aceite, que facilita la luz para alcanzar las ciencias, de las que Palas es diosa
(...) No está en contraposición con la vid, de la que se saca el vino, que usado
moderadamente no solo es provechoso para la salud, sino estimulante del ingenio, necesario
para alcanzar las ciencias; por ello se puede decir que el vino acrecienta la Prudencia.
Un comentarista más viejo, Diego López, en un libro de 1615, expresó
por su parte: "el uno es la prudencia del ánimo, significado por Pallas, diosa de
las ciencias y de las artes, y el otro provechoso para restaurar y conservar las fuerzas,
significadas por Baccho, inventor del vino".
Todo lo anterior explica lo que dice el emblema: "si un
abstemio odia el vino no tendrá ningún auxilio de la diosa"; es decir, a
quien no hace libaciones no lo ayudará la divinidad de la inteligencia, Palas-Atenea, que
nació del cerebro de Júpiter-Zeuz.
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