En aquella época lejana que presenció el
dizque albor de la civilización, uno diría que el paladar humano constituía un enigma.
Pareciera o tan exquisito que le era factible sacar provecho de alimentos de los más
insulsos, o tan irredimiblemente tosco que se comía cualquier objeto susceptible de la
masticación.
Lo seguro es que, de acuerdo con los hallazgos arqueológicos, durante varios milenios,
después de descubrir que el trigo resulta mucho más fácil de ingerir si antes uno lo
aplasta con una roca, el Homo Sapiens no encontraba mejor cosa que hacer con él que
arrojar el polvo resultante al agua para formar una bazofia sancochada que hoy día
llamamos engrudo. Y esto comieron. Imagínenselo nomás.
Dado este panorama, cabe reconocer que, entre los grandes descubrimientos de nuestra raza,
como la rueda, la escritura, y los misiles intercontinentales, seguramente es merecedor de
incluirse el descubrimiento de la pasta seca. Por lo tanto, la presente disquisición
tiene como objeto loar esta delicia que se arrastró de aquel fango primigenio farináceo,
e introducir al estimadísimo lector (Usted) a los misterios de la Santa Hermandad de La
Pasta.
No se sabe con exactitud el origen de la pasta, lo cual ha dado lugar a mucho renegar y
resoplar entre aquellos que reclamarían el privilegio de su creación. Comúnmente se
cree que el explorador veneciano Marco Polo la introdujo en la Europa medieval al regresar
a Italia tras sus viajes en el Catay mongol. En efecto, existen indicios del consumo de
algo parecido a la pasta en la China unos cinco mil años antes de Cristo. No obstante, a
la sazón, parece que la civilización mesopotámica también gozaba de un comestible
similar. Asimismo, como los comentaristas italianos nunca se cansan de afirmar, los
romanos también consumían alimentos a base de pasta, desmintiendo la teoría
sino-poloista.
Esta porfía de parte de las naciones para ser reconocidas como la cuna de la pasta, es
una clara indicación del poder de esta sencilla mezcla de trigo porfirizado con agua.
Nosotros en la Hermandad estamos consagrados a la tarea de descifrar el santo misterio del
papel que la pasta ha venido jugando en la historia, tanto mundana como espiritual, de
nuestra estadía en este planeta. Ingresar al Orden significa tener la posibilidad de
privilegiarse con la sabiduría arcana que sólo se puede encontrar intra muros ordinis
pastae.
Cuando el patriarca Abraham salió de Ur con todo su linaje en su estela, ¿qué comieron
en el desierto? ¿Pan? Imposible. Cuando los israelitas vagaban por el desierto durante su
ordalía cuarentenal, ¿qué era realmente el maná que les llegó de los cielos? ¿Qué
papel jugó la pasta en el éxito del imperio romano? Cuando el Budismo llegó a Japón en
el sexto siglo de "nuestra era", ¿por qué llevó consigo los fideos? ¿Cuál
es la conexión entre la pasta y el Santo Grial? Cuando Marco Polo arribó en Venecia con
el espagueti, ¿será una coincidencia que el renacimiento despegó pocos años después?
¿Es una casualidad que la actual población universitaria de Occidente se alimenta casi
exclusivamente de ramen instantáneos, mientras sus iguales - y competidores - en el
oriente son cada día más exitosos? Nosotros de la Hermandad tenemos las respuestas a
estas preguntas y muchas más.
Los iniciados del Orden se alimentan de ese conocimiento a diario, y Usted también puede
compartir esta sabiduría si goza del temple necesario para tomar el voto y convertirse en
Hermano. Por otro lado, sencillamente puede el disfrutar pasar un rato agradable con unos
entusiastas de este manjar celestial, celebrando la Fiesta de la Pasta.
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