El texto que presentamos a continuación fue divulgado en una sesión de la
Inmaculada Orden de la Pasta, antes de servir los alimentos; se publica ahora, con algunas
variantes y el mínimo aparato crítico.
Señoras y Señores:
A lo largo de la historia hay reportes de que han llovido cosas raras, principalmente
peces y ranas. En 1844, en Inglaterra, se cuenta de una tormenta de ranas en la que la
cantidad de anfibios fue tan sustanciosa que la gente pudo llenar con ellos sus sombreros.
Así mismo, en Londres, en 1984, llovieron platijas (Pleuronectes Platessa). Sin embargo,
y hasta donde sabemos, ninguna de estas lluvias insólitas parece haber tenido algún propósito,
como alimentar a los necesitados, ni, a su vez, ningún pueblo oprimido fue liberado, ya
sea por los ingleses ni por cualquier otro poder imperialista. Por lo general, la
explicación de esto es que una tromba, un tornado o, por lo menos, un gran viento,
agarró a estas pobres criaturas para luego depositarlas encima de la desprevenida chusma.
Sin embargo, la Santa Biblia nos ofrece otra versión, en la cual las lluvias anacuáticas
señalan la liberación de una raza entera de la servidumbre, y luego sirven para
alimentar a los bien librados. Hay constancia bíblica de que una serie de fenómenos
meteorológicos acompañó al drama del Éxodo. Además de plagas de langostas, moscas y
ranas, hubo tormentas de arena, granizo y relámpagos fulminantes, que por fin llegan a
convencer al Faraón de la sabiduría de liberar a los hebreos. También, en la Sacra
Scriptura aparecen un pilar de fuego y una nube que fungen como guías en
el desierto, además de un viento tan grande que resultó capaz de partir el Mar Rojo por
la mitad. Asimismo, y por supuesto, está el maná, que les cayó del cielo y que les
sirvió de alimento.
Este último punto es el más notable. Los autores de la Biblia no mencionan la pasta
de manera explícita, pero sus descendientes, los eruditos árabes, sí. El geógrafo Al
Idrisi (1,100-1,166 d. de C.) hace mención de una variedad con el nombre de itriyah
tiras de sémola que fue producida por los árabes de Sicilia (en: Kitab
nuzhat al-mushtaq fi ikhtiraq al-afaq, es decir, El placentero viaje de alguien
deseoso de recorrer los climas del mundo).
No se sabe cuándo los árabes comenzaron a valerse de la pasta, pero es razonable
suponer que la referencia de Al Idrisi es tardía: la pasta debió existir mucho antes (y,
sobre todo, mucho antes que el pan). Los indicativos arqueológicos demuestran que los
pueblos del Cercano Oriente preparaban pasta unos millares de años antes del nacimiento
de Jesucristo, y ¿qué es el pan más que una cantidad de masa de trigo para pasta
invadida por el hongo de levadura? El pan es la pasta accidentada.
Así que, aunque los árabes sicilianos eran más bien citadinos, no es difícil
imaginar que sus ascendentes, los conquistadores, llevaban grandes cantidades de itriyah
para sostenerse durante sus audaces travesías desérticas. Para un pueblo nómada, las
ventajas de esta forma de conservar el trigo son evidentes: la caducidad extendida, la
facilidad de transporte y el modo casi instantáneo de preparación. Por lo tanto, no
sería un disparate conjeturar que los ancestros primordiales de los semitas también
tenían sus alforjas llenas de pasta cuando salieron de la ciudad mesopotámica de Ur en
la caravana de Abrám rumbo a Canaán, hacia el año 2100 a. de C.
Abraham como su dios lo nombró subsecuentemente se dirigió hacia el
desierto respondiendo a una sugerencia perentoria de la deidad. Algún tiempo después
(700 años, según la cronología bíblica), sus descendientes, los hebreos, se
encontraron en una situación análoga tras abandonar los antros de perdición egipcios.
Sin embargo, mientras Abraham había logrado completar su viaje en un año, su prole
complicó la situación con su testarudez al momento de cumplir las órdenes. Castigados
por haber titubeado en lugar de lanzarse a conquistar la Tierra Prometida, se vieron
obligados a volver al desierto de donde acababan de salir, para quedarse ahí cuarenta
años más.
Eran cuatro decenios durante los cuales el Pueblo Elegido vivió duras penas,
privaciones, aflicciones, angustias y hambre. Sin embargo, y habiéndolos elegido,
resultaba que YHVE como eventualmente confesó que se llamaba no estaba
dispuesto a dejarlos morir de inanición en el desierto. Según los libros de Éxodo
(capítulo 16) y Números (capítulo 11), YHVE les mandó comida, que caía del cielo y
que tenía un color como de resina. El nombre que le dieron era maná,
que significa ¿qué es esa cosa?.
A lo largo de los siglos, muchos insatisfechos y escépticos comentaristas se han
esforzado en explicar el maná de forma racional. Actualmente, la explicación
con más aceptación (2) concierne a un arbusto llamado el tamarisco o taray y
las secreciones de ciertos insectos sobre el mismo. El producto sería una sustancia con
apariencia similar a la del pan. Sin embargo, el asombro de la incipiente nación judía,
como está descrito en la Biblia, no parecería justificado por algo tan mundano como la
aparición de frutos en plantas. Además, existe la insistencia bíblica acerca de la
llegada aérea del comestible.
Por supuesto, es muy posible que la idea de comida del cielo sea
metafórica, y que el maná vino del más allá de una manera más bien indirecta y
figurativa. No obstante, cabe la explicación, no insólita, de que el maná fuera,
sencillamente, pasta seca. Pero, una cosa más: ¿cómo es que llegó del cielo?
¿Cómo pasó? Ya hemos hecho mención de las impredecibles condiciones atmosféricas
que marcaron los supuestos eventos del Éxodo, incluyendo las tormentas eléctricas y
arenosas. Es sumamente probable que la nube que guió a los huidos hacia el Mar Rojo fue
una especie de tolvanera, que en algún momento se convirtió en una tormenta
suficientemente grande para ocultar a los hebreos de sus perseguidores.
Así que atendiendo al sentido común, permítasenos montar la siguiente recreación
(3):
Era una mañana típica de aquellas que caracterizaron la huida israelita. El sol
inmisericorde azotaba las largas colas de humanidad sufriente, mientras serpenteaban por
la tierra baldía que yacía entre ellos y su libertad. Miles de personas [véase la nota
3] agotadas y aterrorizadas se arrastraban hacia el horizonte, al noreste, poblado de
bailantes tolvaneras: Allá fue su salvación; allá los odiados egipcios nunca les
osarían seguir.
La larga caravana fue organizada en secciones por sus líderes, Moisés y Aarón.
Los hombres capaces de portar armas se concentraban en la retaguardia, para repeler a los
nefastos esclavistas egipcios, aunque desde luego había grupos de recios jóvenes para
proteger los flancos con sus jabalinas largas. También había un destacamento de
milicianos alrededor de la recua de abastecimiento, para ahuyentar a aquellos que
carecían de la abnegación suficiente para aguantarse hasta la hora de comer, puesto que
la comida estaba, por razones obvias, estrictamente racionada.
Durante las escalas inevitables para dormir, era práctica común erigir tiendas
también para las provisiones, con el fin de permitir que los animales de carga
descansaran. Estas carpas se situaban aparte, con su falange guardián, para evitar
cualquier exceso de entusiasmo hambriento. Así que, en el día en cuestión, no estaban a
la vista para la mayoría de los nómadas, estando ocultas por detrás de unas rocas.
Bueno, resulta que, durante uno de estos períodos de descanso, un remolino
especialmente potente se metió entre estos almacenes de lona y los lanzó al aire. La
mayoría de la comida que albergaban era pasta, y ésta fue chupada hasta el centro de la
tormenta y regurgitada sobre el atónito pueblo esparcido por el desierto abajo. Puesta su
disposición natural para acreditar cualquier evento inexplicable a la agencia de YHVE,
los hambrientos israelitas decidieron que sus peticiones por más rancho, aunque ignorados
por sus líderes, fueron respondidas por su dios. Además, a Moisés, le parecía muy
conveniente sustentar esta interpretación, dado que él era el principal representante
del Todopoderoso. Cualquier guardián que sugiriera otra explicación fue persuadido a
callarse. Y así fue que llegó el maná del cielo.
-¿Y el pilar de fuego?
-Lo más probable es que fuera uno de esos depósitos oleaginosos que incluso hoy día
abundan por aquellos lugares. Quizá se encendió por un relámpago, o bien pudo ser por
las depredaciones del ejército opresor. @
John OShea, Augusto Nava Mora, 2004 ©
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